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“Al poco tiempo, un huracán vino desde el noreste, y el fuerte viento comenzó a pegar contra el barco. No podíamos navegar contra el viento, así que tuvimos que dejarnos llevar por él.” Hechos 27:14-15 TLA
El apóstol Pablo junto con otros prisioneros eran llevados en una embarcación a Roma para que sea juzgado y en el trayecto se desató una fuerte tempestad y vientos contrarios azotaron la embarcación a tal punto que pusieron en riesgo la vida de todos. Mientras transitamos este mar de la vida también hay vientos contrarios inesperados que aparecen y nos desestabilizan como por ejemplo la pérdida de un ser querido, crisis conyugal y familiar, traición, deslealtad, enfermedad, escasez etc. Enfrentarlos con éxito no depende exclusivamente de nuestra experiencia o de nuestra capacidad ni mucho menos de nuestro dinero o de nuestra sabiduría humana, sino del tipo de ayuda que viene a nuestro favor y no es una ayuda humana la que controla los vientos contrarios, solamente es Jesús nuestra ayuda divina. Si dejas que Dios obre en tu vida sabrás que esos vientos contrarios te están haciendo más fuerte. Si el proceso de la tormenta no produce en nosotros un cambio que sume a nuestra vida, esos vientos contrarios regresarán con más fuerza. No importa los vientos contrarios que estés enfrentando ahora mismo, si consideras a Cristo como prioridad en tu vida, jamás te detendrás y nunca dejarás de avanzar con firmeza y determinación.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio