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“Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre y cuando venía un león, o un oso y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería y lo libraba de su boca y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada y lo hería y lo mataba. Y añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.” 1 Samuel 17:33-35,37 RVR1960
Según la declaración hecha por David, observamos que él tenía toda la certeza de que el mismo Dios que lo había librado del león y del oso antes, le había de dar la victoria al enfrentarse a este gigante. De hecho, David nunca llamo a Goliat, como lo llamaba el resto del pueblo; ya que mientras todos lo llamaban “gigante”, David lo llamaba incircunciso. Tu confianza en la gracia, el favor y la misericordia de Dios te harán siempre ver las cosas diferentes a como las ve el resto. Sin importar de donde vienen los ataques no dejes que estos te abrume hasta el punto de olvidar las veces que el Señor te ha sanado, te ha provisto y ha hecho defensa por ti. Ya has dejado muchos “osos y leones” muertos en el camino, así que, no te rindas ante los desafíos que ahora tienes delante.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio