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“Ni antes cuando era joven, ni ahora que ya soy viejo, he visto jamás gente honrada viviendo en la miseria, ni tampoco que sus hijos anden pidiendo pan. Cuando la gente honrada regala algo, siempre lo hace con generosidad; sus hijos son una bendición”. Salmo 37:25-26 TLA
Que bendición es poder tener a nuestro alcance las promesas de Dios. Un Dios que promete nunca dejarnos ni abandonarnos, promete proveer para nosotros y nuestras generaciones. En la vida tendremos esos momentos donde no nos queda nada más que confiar en la provisión de Dios, ¡no hay otro plan, no hay otra opción! El Salmista David experimento esto de una manera personal y real. Él logró ver en el transcurso de su vida y su caminar con el Señor, su provisión y cuidado diariamente, aun en los últimos días de su vida, y en su vejez. Él estaba confiado que el mismo Dios que le hizo provisión todos los días lo haría de igual manera con sus generaciones. El rey David alcanzó a ver durante su vida que aquellos que buscaban al Señor, eran los que siempre experimentaban su bendición, tal como lo escribió en el Salmo 34:10, “Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.” Gracias a Dios que no hay motivos para vivir desesperados ni llenos de preocupación este día, ¡Él tiene cuidado de nosotros! El Señor nunca nos va olvidar o nos va a desamparar, solamente hay que vivir continuamente dependiendo de Él. Todos nuestros días están seguros en Dios.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio