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“Oh Dios, ¡escucha mi clamor! ¡Oye mi oración! Desde los extremos de la tierra, clamo a ti por ayuda cuando mi corazón está abrumado. Guíame a la imponente roca de seguridad, porque tú eres mi amparo seguro, una fortaleza donde mis enemigos no pueden alcanzarme.”
Salmos 61:1-3 NTV
Esta es una oración que sale desde lo profundo del corazón del salmista David. No hay otra forma de entender que una oración hecha de esta manera tocará el corazón de Dios, las oraciones deben ser así. Tú no puedes entrar a la presencia de Dios con un formalismo o método riguroso o con palabras rebuscadas. Cuando estás en necesidad de urgente ayuda, el formalismo es una barrera infranqueable para acercarse a Dios. Tú debes decirle a Dios en tu oración lo que estás “sintiendo”, y no solo pedirle que haga algo por ti. Muchas veces frente a los momentos agobiantes de tu vida puedes sentir que Dios está lejos de ti, eso es lo que pasó con David, por los momentos difíciles que él pasaba, sentía que Dios estaba lejos de él, y era comprensible porque hay momentos en que las circunstancias que te golpean, doblegan tu fe. Dios nunca está lejos de ti, aun cuando pareciera que sí frente a los momentos difíciles que estás viviendo, al contrario, Él está tan cerca como no te lo imaginas. Jesús es la Roca eterna y no es demasiado alta, en el sentido de inalcanzable. Él se hizo hombre y vino a este mundo para guiar tus pasos y ser tu refugio constante. ¡Puedes confiar en el señor, Él es tu seguridad!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio