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“¡Bendito seas, Dios mío, por atender a mis ruegos! Tú eres mi fuerza; me proteges como un escudo. En ti confío de corazón, pues de ti recibo ayuda. El corazón se me llena de alegría, por eso te alabo en mis cantos.” Salmo 28:6-7 TLA
Todos los seres humanos estamos expuestos a enfrentar adversidades. Ser creyentes no nos exime de eso, pero tenemos la promesa de Dios de que al final, la victoria es nuestra. Sin embargo, mientras las atravesamos, con frecuencia olvidamos quiénes somos en Cristo. Nuestras reacciones humanas pueden entorpecer la manifestación de la victoria, y hasta empeorar nuestra situación. Cuando termina la crisis, seguimos lamentando lo perdido, sin entender que tenemos que luchar por lo nuestro, y podemos recuperar con recompensa lo que creímos perdido. Hoy el Señor quiere desafiarte a que te levantes de donde estás, y empieces de nuevo para que recibas todo lo que Dios tiene para ti. De la misma manera que Dios le aseguró a David su ayuda y fortaleza lo hará también contigo. Ya no está David, pero está el Dios quien le dio oportuno socorro ante las adversidades, que tu convicción y firmeza al creer que Dios que es el mismo ayer, hoy y siempre te permitan experimentar la grandeza de Dios en tu vida.
Aprende a manejar la adversidad con la ayuda y dirección de Dios. Tú puedes enfrentar los momentos de crisis, no en tus propias fuerzas, sino en las fuerzas del Señor.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio