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“El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, dice al Señor: «Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!» Solo él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro. ¡Su fidelidad te protegerá como un escudo! No tengas miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de día, ni a las plagas que llegan con la oscuridad, ni a las que destruyen a pleno sol; pues mil caerán muertos a tu izquierda y diez mil a tu derecha, pero a ti nada te pasará. Ya que has hecho del Señor tu refugio, del Altísimo tu lugar de protección, no te sobrevendrá ningún mal ni la enfermedad llegará a tu casa; pues él mandará que sus ángeles te cuiden por dondequiera que vayas.”
Salmo 91:1-7, 9-11 DHH94I
Aquí vemos que el que se refugia en Dios y hace de Dios su casa, está bajo la protección del Todopoderoso. Qué bueno es saber que Dios nos librará de las trampas ocultas, de la peste que destruye, de toda mortandad y de todos nuestros enemigos, estas son promesas de parte de Dios para toda persona sin excepción. Lo único que puede garantizar esa protección es tener una relación personal con Dios, una relación cercana y de confianza. Esto no quiere decir que no encontrarás dificultades o problemas, o que nunca tendrás un día malo en esta vida, significa que cuando alguien confía en el Señor, aún las cosas malas lo acercan más a Dios, incluso las más grandes calamidades y hasta la propia muerte nos acercan más a la herencia eterna en Cristo Jesús.
¡Vivamos confiados que solamente en las manos del Señor estamos seguros aquí y hasta la eternidad, pase lo que pase en esta tierra¡
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio