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“Le pedí a Dios que me ayudara, y su respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía! Yo, que nada valgo, llamé a Dios, y él me oyó, y me salvó de todas mis angustias. Los que son de Dios podrán tener muchos problemas, pero él los ayuda a vencerlos.” Salmo 34:4, 6, 19 TLA.
La angustia cuando se apodera de nuestra vida, es como un cáncer que poco a poco va carcomiendo nuestra fe, nuestra convicción, nuestra esperanza y nos volvemos personas enfermas del alma. David tenía enemigos que querían su mal y se sentía acorralado. Esto no ha cambiado hoy en día, porque siempre habrá personas que buscarán la forma de hacernos algún mal ya sea en el trabajo, en el centro de estudios o en el entorno en el que nos encontramos, un caso extremo podría llegar a ser una situación que atenta contra tu vida, la de tu familia o personas que más quieres y esto se puede tornar angustioso. Nadie está libre de pasar por estas situaciones, incluso puede haber personas con intenciones «ocultas», aquellas que no demuestran sus verdaderos pensamientos acerca de nosotros pero que desean el mal y con ansias de destruirnos. Gracias a Dios que no estás solo en el caminar de tu vida diaria y para nada es fácil este camino, pero, que descanso hay en lo profundo de nuestro ser al saber “Que el Señor nos libra de todas nuestros temores y angustias”.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio