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“Bueno es el SEÑOR con quienes en él confían, con todos los que lo buscan. Bueno es esperar calladamente a que el SEÑOR venga a salvarnos” Lamentaciones 3:25, 26.
Esperar en el Señor puede ser lo más difícil que podamos hacer frente a la prueba más severa que estemos atravesando. Una de las tensiones más grandes de la vida es la que produce esperar en Dios. Dios nos toma como un arco que estira; llegamos hasta cierto punto y decimos: “No lo puedo soportar más”; pero Dios continúa estirando. Él no está apuntando a nuestro objetivo, sino al suyo, y nuestra paciencia es que esperemos hasta que Él permita que la flecha vuele directo a la meta de Él. Una cuerda de violín suelta, sin tensión es inútil, está muerta, no hay música. Pero cuando se estira hasta que está tensa, llega al tono correcto solo así es útil para el músico. Cuando Lázaro estaba enfermo, sus hermanas Marta y María enviaron por Jesús para que viniera a atender a su hermano Lázaro quien había muerto, y después de cuatro días Jesús apareció para resucitarlo, pero para ellas Jesús había llegado demasiado tarde y no pudieron esperar porque querían la ayuda de Jesús inmediatamente. Para nosotros Dios puede ser lento con la respuesta que esperamos, pero Él sabe lo que hace y nunca llega tarde, siempre será a tiempo. Esperemos en el Señor y con seguridad se manifestará en el tiempo oportuno para Él.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio