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“Enviaré un ángel delante de ti, y desalojaré a cananeos, amorreos, hititas, ferezeos, heveos y jebuseos. Cuando los israelitas oyeron estas palabras tan demoledoras, comenzaron a llorar y nadie volvió a ponerse sus adornos, —O vas con todos nosotros —replicó Moisés—, o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?” Éxodo 33:2, 4, 15-16 NVI
Los israelitas camino a la tierra prometida siempre mostraban su rebeldía y desobediencia a Dios. En un determinado momento Dios le dijo a Moisés que Él ya no los iba guiar en pleno desierto sino un ángel, pero igual iba a cumplir su promesa de entregarles la tierra que le había prometido, pero Moisés no quiso y le dijo a Dios que no se moverían de allí si es que Él no los guiaría. ¿Por qué Moisés no quería un ángel que los guiara si igual iban a entrar a la tierra prometida? Es que un ángel no perdona nuestros pecados, tampoco conocen nuestra mente y corazón, tampoco podría adorar a un ángel como lo haría con su Dios. Moisés iba más allá de la provisión de alimento y ropa, él estaba “desesperado” por la Presencia de Dios, y no estaba dispuesto a dar el siguiente paso si no tenía la convicción que Dios estaría con él. Moisés necesitaba la presencia, dirección, consuelo y fortaleza de Dios. Frente a la carga que tienes por diferentes motivos solamente Dios puede traer descanso a tu alma atribulada, tal vez pueda que no tengas necesidad material, pero si espiritual y allí solamente te puede ayudar el Señor Jesús en la medida que tu comunión diaria con Él sea una realidad.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio