¿Quieres leer con música?
Dale Play
“Dios mío, ¡escucha mi oración! ¡Atiende mis ruegos! Tú eres fiel y justo: ¡respóndeme! Ya no siento latir mi corazón; ¡ya he perdido el ánimo! En ti confío; ¡a ti dirijo mi oración! Cada nuevo día hazme saber que me amas; ¡dime qué debo hacer!” Salmos 143:1, 4, 8 TLA
Seguro que en algún momento también has expresado este clamor a Dios pero con otras palabras. Este clamor viene de un corazón que está atravesando los momentos más críticos de su vida. Muchas veces ante esta situación seguro que has clamado a Dios y no has tenido respuesta, no has visto nada que te diga que hay algo diferente que viene a tu vida y pueda calmar tu ansiedad. Cuando David dijo: ¡En ti confío; a ti dirijo mi oración! Estaba diciendo que, aunque ya no pueda más tengo la esperanza que mañana será diferente.
Reconoce que Dios también está en tu tribulación. Hay situaciones en la vida que inevitablemente las tienes que pasar, pero también tienes que tener la convicción que Dios te ayudará a pasar esos momentos de tristeza y que no te va a dejar aun cuando pareciera que Él te ha olvidado. Cuando una persona confía en Dios es porque está reconociendo que Él tiene el control de todo, si Él tiene el control sobre su creación, entonces también tiene control sobre tu vida, es decir sobre tus luchas internas, tus circunstancias y tus momentos de crisis. David nos enseña a confiar en Dios, aun cuando nos vaya mal. Confiar en Dios significa que viene la respuesta, ¿Cuándo? no sé, pero que viene ¡VIENE! Descansa en Él.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio