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“Los labios del justo hablan palabras provechosas, pero la boca del malvado habla perversidad.” Proverbios 10:32 NTV
Frecuentemente el Señor nos pide que le creamos y que hablemos palabras de fe, incluso en medio de la tristeza y dolor. Hay que hablar lo que Dios dice y no lo que nuestra alma afligida quiere que digamos. Si no hablamos palabras de confianza, nuestra fe es vana y somos como vasijas vacías. ¿Qué ganamos con quejarnos y lamentarnos? Lo único que conseguimos es hundirnos más en nuestra desesperación. Las palabras influyen en los pensamientos y sentimientos, así es que habla bien. Muéstrame cómo hablas y te mostraré quien eres. Muéstrame lo que declaras con tus palabras y te mostraré los días que vendrán. Nadie que diga palabras malas que encierran descontento, podrá tener días buenos. Proclama lo bueno, la bendición que llegarás a tener, lo que tú familia logrará. Corrige tu manera de hablar porque es uno de los mayores testimonios que puedes ofrecer y tu mejor herramienta para comunicarte con el Señor. Jesús lo dijo muy claro: lo que digamos será hecho, por lo tanto si crees debes hablar de lo que sucederá. Cada vez que hablamos del futuro como si ya fuera hecho, demostramos nuestra fe en Señor. Edifica y anima a otros con tus palabras, expresa sólo cosas buenas que ayuden a tus semejantes a crecer espiritualmente. El enemigo necesita de nuestras palabras para dañar y Dios las necesita para bendecir. ¡Tú decides!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio