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“Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad” Marcos 14:33, 34
El Getsemaní era el lugar donde Jesús disfrutaba de intimidad con el Padre. Así que ningún lugar conocía tan perfectamente Jesús como aquel huerto, todo le era familiar, pero Judas también conocía aquel lugar, y si algo tenía muy claro el Señor era que no quería esconderse. El traidor sabía el sitio exacto para encontrarle.
Amados hermanos reflexionemos un poquito: Si en el "huerto del Edén" por causa del pecado de Adán vino la ruina de la humanidad, en la agonía "del huerto de Getsemaní" por la obediencia del segundo Adán, "Cristo nuestro Señor" se libró nuestra salvación. Jamás entenderemos su agonía en el huerto y todo para darnos salvación. Hasta ese momento lo que Jesús vivió en el Getsemaní nunca antes lo había vivido. Sus discípulos nunca lo habían visto a su maestro así, ni mucho menos lo habían oído decir que se sentía tan triste hasta la muerte.
Pidió oración a sus íntimos como Pedro, Jacobo y Juan para que estuviesen con Él en esos momentos de agonía pero se quedaron dormidos en tres oportunidades.
No tenemos la más mínima idea de cómo era su clamor, sus gemidos y terribles suspiros. Pudiéramos preguntarle al Señor, con la más profunda reverencia y con la más humilde actitud: “¿Qué te dolía mi amado Jesús? Podemos ver que la prueba por la que estaba pasando no fue por el odio de los judíos o saber que iba a ser traicionado por uno de sus discípulos y negado por otro, sino que empezó a experimentar la naturaleza y el horror del pecado. Los discípulos no habían entendido las palabras de Jesús cuando dijo: “En este momento estoy sufriendo mucho, y me encuentro confundido. Quisiera decirle a mi Padre que no me deje sufrir así. Pero no lo haré, porque yo vine al mundo precisamente para hacer lo que él me mandó.” Juan 12:27 TLA
¿Te das cuenta cuanto amor del Señor por nosotros? Por amor a ti y a mi Él tomó la más cruenta decisión de pasar todo lo que vivió hasta morir en una cruz resucitando con poder y gran gloria. ¿No crees que Él se merece todo nuestro amor, consideración, fidelidad, compromiso y obediencia? Vivamos como él quiere como fiel respuesta a su gran amor por nosotros.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio