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¡Shalom!


Muchas veces sentimos que Dios guarda silencio, aun en los momentos más duros de nuestras vidas, pero recordemos que Él sabe lo que hace y que su obrar siempre es para bien.

“Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.” S. Juan 11:5-6 RVR1960

La aparente indiferencia y silencio de Jesús ante el llamado urgente de las hermanas de Lázaro para que acudiera a sanarlo, en sí, también era una respuesta. Creo que todos, en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado el silencio de Dios frente a una necesidad urgente. ¿Pero no  te has puesto a pensar que la aparente lejanía es también la cercanía de Dios? ¿Qué el mismo silencio también es una respuesta de Dios? Pareciera una locura afirmar algo así pero es lo que nos enseña su Palabra. El silencio de Dios vale más que todas las palabras del hombre. La negativa de Dios es mejor que la afirmación del mundo. ¿Han sido tus oraciones seguidas por una quietud callada o una actitud desenfrenada fuera de control? Cuantas veces has experimentado que en los momentos más duros de tu vida, Dios hace silencio, no hay un indicio de repuesta alguna, ninguna señal, el cielo pareciera que se ha congelado, pero esto no quiere decir que Dios no conoce ni está interesado en lo que te pasa. Él sabe los momentos y los tiempos de su intervención y lo que te queda es aprender a confiar en Él, y aun cuando no tuvieses respuesta, seguir creyendo que Dios guarda silencio para tu propio bien. También hay que aprender a esperarlo en Su silencio y luego quedarás convencido que Él sabe lo que hace. ¡Recuerda todo obrar de Dios siempre es para bien!

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio