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“Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” Salmo 40:1-2 RVR1960
Quién no ha escuchado o leído sobre la fe, el amor, la misericordia, la esperanza, entre otras enseñanzas y seguro que son nuestros temas favoritos que siempre quisiéramos escuchar. Aquí el salmista nos habla de la paciencia para esperar la respuesta de Dios. La vida misma nos desafía a ser pacientes cuando acontecen dificultades en nuestras vidas que no podemos resolver inmediatamente, algunas pueden ser enfermedades, perdidas de seres queridos, problemas económicos, familiares, matrimoniales, etc. Hay situaciones que por más que nos esforcemos no podemos resolverlas de inmediato. Hoy puedes ver las neblinas de tu vida como obstáculos que te detienen. Te puedes rendir ante tus circunstancias que no te dejan seguir o puedes dar un paso más, aunque estés a punto de desfallecer; la decisión es tuya. Tu fe y el esperar en Dios te habilitarán para que experimentes los mejores milagros cuando creías que habías llegado al final de tu camino. Te recuerdo: ¡Nunca el esperar con fe y paciencia en Jesús es en vano!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio