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“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? S. Mateo 14:28-31 RVR1960
La firmeza de tu Fe en el Señor impedirá que la duda pueda quitarte aquello que el Señor ya te ha dado. Los afanes por lo que ahora no tienes contigo generan sombras de duda en relación al obrar del Señor sobre sus promesas. Comprende que la fe es un estilo de vida, no un momento para un milagro determinado solamente. Pedro necesitó fe para vivir el milagro de caminar sobre el agua y también la necesitó para continuar y no lo logró. No vivas de instantes o momentos fugaces como Pedro sobre el agua. Esa no es la fe que se aplica a los extensos procesos de la vida. Tu fe no puede ser fugaz, créele al Señor siempre. Abraham el patriarca de la fe demostró su confianza en ese difícil proceso de engendrar un hijo casi al final de su vida. Creyó a pesar de la duda de todos. Su milagro era realmente difícil de imaginar, no había antecedente de algo parecido y nada podía asegurarle que sería posible, pero su fe lo sostuvo hasta el final. No te conformes con tener momentos de fe; enfrenta el proceso para convertirte en un hombre de fe listo para recibir y mantener las bendiciones de Dios. No tengas miedo de contemplar las circunstancias imposibles. Échale leña al fuego de la fe, no al fuego de la duda y la desesperación. Solamente nuestra Fe en el Señor nos puede sostener en todo momento.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio