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“Dios mío, tú eres mi Dios. Con ansias te busco desde que amanece, como quien busca una fuente en el más ardiente desierto. Más que vivir, prefiero que me ames. Te alabaré con mis labios.” Salmo 63:1, 3 TLA
¿Alguna vez has deseado que alguien te valore, te entienda, te respete y te quiera así como eres? Esto se hará realidad en la medida que estés convencido que fuiste hecho para tener íntima comunión con Dios. Desdichadamente, el pecado puede evitar que disfrutes de ese tiempo íntimo con Él de tal manera que las bendiciones de Dios preparadas para ti no se puedan hacer realidad en tu vida. Por eso no debes ser un eterno buscador de las bendiciones de Dios en caminos equivocados que acarrean destrucción a tu vida. El rey David, autor del Salmo 63, comprendía esto. Él tenía todo lo que una persona podía desear, pero concluyó que el único que genuinamente podía satisfacer su alma era Dios. Esto también es cierto para ti. Si el Padre te creó es para que puedas relacionarte con Él, profunda y significativamente, de tal manera que satisfaga tus anhelos más íntimos y prioritarios. En el tiempo de comunión con Dios vas a ir conociendo Su corazón y los planes y pensamientos que tiene para ti en el presente y la esperanza para tu futuro. Gracias a Dios porque solamente Él te puede entender y amarte tal como eres. ¡En su presencia hay plenitud de gozo!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio