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¡Shalom!


Los grandes cambios nacen de los peores momentos, donde nos permiten echar raíces profundas para permanecer firmes.

"Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará." Salmos 1:3 

Para que un árbol sea fructífero tiene que haber llegado a un estado de firmeza y estabilidad,  ha tenido que pasar tiempo para echar raíces y sobrevivir a plagas e inclemencias de la naturaleza. De igual manera los grandes hombres y mujeres de Dios para llegar a ser lo que fueron no fue de la noche a la mañana, ellos FUERON FORJADOS EN MEDIO DEL DESIERTO, DE LA PRUEBA, DE LA CRISIS. Los desiertos en la vida nos hacen madurar, nos enseñan a ser mejores y fuertes, nos hacen recordar  que el camino no es fácil pero que Dios está con nosotros. La misma Palabra de Dios nos dice que seremos  probados como el oro, para revelar lo MEJOR QUE HAY EN NOSOTROS. Los desiertos no son para quedarnos sino para pasarlos, pero con la ayuda de Dios. Al término de cada proceso de la prueba seremos más fuertes para seguir avanzando y seguir  enfrentando la próxima prueba, que de seguro será más dura que la anterior, pero confiados que no nos detendremos. Cada proceso que nos toca vivir y terminamos con éxito, tendrá como resultado siempre, el aprendizaje, el crecimiento y la madurez. Los grandes cambios nacen de los peores momentos donde nos permiten echar raíces profundas y permanecer. Las personas que huyen  ante la crisis o la adversidad nunca conocerán lo que es ganar, lo que es avanzar, lo que es crecer, lo que es madurar.

¡No te detengas cuando estás siendo probado,  porque el final de cada prueba habrá hecho de ti una persona más fuerte llena de fe y Esperanza!
 

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio