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“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.” 1 Reyes 19:4 RVR1960
Cada persona cuando sale de su casa cada día siempre se va a cruzar con muchas personas que transitan a un determinado lugar, pero usted no sabe que es lo que está pasando cada una de ellas, ni como se sienten ni tampoco ellas no saben nada de usted, pero estoy seguro que muchas de esas personas se sienten solas, aun cuando haya mucha gente a su alrededor, incluso usted mismo puede estar en esta misma situación. Por lo general, casi siempre estamos rodeados de personas que experimentan profunda soledad. Nadie está inmune a la soledad, incluso los hombres y mujeres de Dios a veces también experimentan soledad. El gran profeta Elías también vivió momentos de angustia y soledad terminando en el desierto, bajo un árbol y totalmente desesperado a tal punto que le dijo a Dios, “...Basta ya, oh Jehová, quítame la vida” ¿Alguna vez has sentido desaliento y soledad y no has tenido a nadie cerca que te anime? Dios ayudó al profeta en el momento de la crisis dándole alimento y un buen descanso. Emocionalmente, el Señor le hace saber a Elías que su presencia está con él y lo anima a seguir avanzando.
De la misma manera, Dios quiere suplir tus necesidades personales, tú no puedes vivir en soledad y en tus propias fuerzas, es imposible. No permanezcas sentado bajo el árbol de la desesperación. Las últimas palabras de Jesucristo fueron que estaría con nosotros todos los días de nuestra vida. ¡No tienes por qué sentirte sólo, Él está contigo!
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio