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“En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos. Porque no tienen congojas por su muerte, pues su vigor está entero. No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres. He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas. Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia; pues he sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas.” Salmo 73:2-5, 12-14.
Seguro que en algún momento de tu vida te has sentido incomprendido como hijo de Dios, porque cuando miras a tu alrededor hay personas que ni siquiera conocen al Señor y en lo terrenal llevan una vida “mejor” que tú que eres cristiano. A veces ellos no padecen necesidades como tú, gozan de mejor salud que la tuya, poseen más bienes que tú, son más exitosos que tú, en fin, pareciera que no tienen problemas, y si los tienen son mínimos comparados con los tuyos, ante esta realidad es muy probable que en algún momento de tu vida te hayas hecho esta pregunta: ¿Cómo es posible que el Señor bendiga más a ellos que a mí?, yo que soy un buen cristiano, que participo en la Iglesia, además de dar un buen testimonio y hablar del Señor a los demás. ¿No te ha pasado que a veces llegas a la conclusión por un momento que por ser hijo de Dios debería irte mucho mejor? Pero pon atención a lo siguiente:
¿No es maravilloso saber que Dios nos tiene un destino final glorioso de vida eterna? ¿Y que mientras transitamos en esta vida, Dios está con nosotros para sostenernos, y ayudarnos a seguir adelante? Dios quiere bendecirte en el plano terrenal y espiritual. Se diligente y esforzado mientras tengas vida y disfruta del amor, la gracia y la misericordia de Dios en lo espiritual.

Los amamos
Hernando y Mary Aparicio
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio