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“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 2 Corintios 12:9 RVR1960
¿Quién no ha pasado por momentos difíciles donde creíamos que ya nada se podía hacer? Cuando esos momentos llegan, hacen más notorias nuestras debilidades, nuestras tristezas y nuestros temores. A veces son tantas las dificultades que ya no se puede soportar el peso de esas cargas. Tú que tratabas de ser firme, de seguir adelante y ser la fortaleza de los demás, llega el momento cuando te derrumbas porque la vida te demuestra que tienes una capacidad de soporte limitada. Lo que a veces olvidamos, o simplemente no nos damos cuenta, es de esa gran capacidad que hay en nuestro espíritu. Tal vez las peores circunstancias de la vida han sacado lo mejor y más fuerte de ti. Puede que la adversidad te haya enfrentado al hecho de que la vida es frágil, cambiante y dura pero lo que a veces no te has dado cuenta es que nunca has estado solo y abandonado. No es hasta que pasamos por un momento de adversidad o dificultad, que nos damos cuenta de lo que somos capaces de hacer. La adversidad te enfrenta con tu fragilidad, pero también con un poder que no sabías que llevabas dentro. Probablemente, la adversidad que tú has estado viviendo te ha entristecido, frustrado y hasta enojado. Sin embargo, esa misma adversidad que estás viviendo le va a demostrar al mundo la grandeza que hay dentro de ti.
Con aprecio y amor.
Hernando y Mary Aparicio