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¡Shalom!


Es necesario reconocer tu necesidad, y que solamente el poder de Dios puede obrar a tu favor librándote de toda opresión y angustia.

“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.  Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón;  aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado.” Salmo 27:2-3 RVR 1960

Dios nunca te dejará solo en medio de tus batallas. De hecho, a mayor nivel de guerra, mayor nivel de gloria se manifestará a tu favor por eso, cada vez que estés bajo ataque, recuerda las diferentes promesas que para esos momentos te ha hecho el Señor. Aquí David reconoce la gravedad de la situación pero hace una declaración contundente: que sus muchos enemigos "tropezaron y cayeron". Cuando luchamos con temores de todo tipo, hay motivos más que suficientes para sentirnos seguros en Dios. La confianza de David estaba depositada en Dios, y esa es la provisión que Dios ha hecho por los suyos en la actualidad. David fue un hombre que casi siempre vivía rodeado de peligro de muerte, porque tenía enemigos que lo acechaban cada día y producto de esto, a parte del temor, también se sentía vulnerable. Cada vez que David acudía a Dios en busca de socorro, siempre tenía la esperanza que al final Dios vendría en su ayuda. ¿Será que te identificas con el Rey David por lo que vienes atravesando? Es necesario tener la actitud que tuvo el rey David, reconociendo tu necesidad, y que solamente el poder de Dios puede obrar a tu favor librándote de toda opresión y angustia. Acércate hoy mismo confiadamente a Dios en oración. ¡Él te está esperando!
 

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio