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¡Shalom!


El amor de Dios nos inspira a compartir y contagiar a los que nos rodean de este sentimiento y afecto poderoso de querer y desear obrar siempre con el bien.

“»Por último, llegó el empleado que había recibido mil monedas, y dijo: “Señor, yo sabía que usted es un hombre muy exigente, que pide hasta lo imposible. Por eso me dio miedo, y escondí el dinero bajo tierra. Aquí le devuelvo exactamente sus mil monedas.” Mateo 25:24-25 TLA

Sin importar  que  tan  grande  sea lo que posees,  si  no  dedicas el  tiempo  y esfuerzo suficiente para desarrollarlo nunca podrás apreciar los resultados de ello, porque todo lo que no se cultiva muere y si no hay trabajo no habrá resultados. No descuides lo que te ha sido dado, tantas habilidades de parte de Dios que puso en ti, no pueden pasar desapercibidos frente a los retos que tenemos por delante. Hay mucha gente esperando ser ayudados. Solo cuando te esfuerzas continuamente para desarrollar lo que tienes, puedes llevar tu vida al nivel máximo de expresión. Cuando nos sentimos invadidos por la fe y alimentados por el amor hacia Dios nos inspiramos a compartir y contagiar a nuestros semejantes este sentimiento y afecto poderoso de querer y desear obrar siempre con el bien. Hay muchas satisfacciones en la vida pero una de las más grandes, es el hecho de poder ayudar a los demás. Confía pacientemente en Dios, alimenta tu fe y abre tus brazos para recibir lo mejor de Dios que está llegando a tu vida. 
 

Con aprecio y amor.  
Hernando y Mary Aparicio